La exposición a metales en la infancia puede afectar el desarrollo cerebral y la conducta años después, según un estudio basado en dientes de leche y resonancias magnéticas.
La exposición a metales comunes durante los primeros años de vida puede tener efectos duraderos sobre el desarrollo cerebral y la salud conductual, según un estudio publicado en Science Advances. La investigación señala que ciertas etapas tempranas de la infancia son especialmente sensibles a estas exposiciones ambientales, lo que podría influir en el cerebro incluso más de una década después.
El trabajo fue realizado por investigadores del Mount Sinai, en Estados Unidos, quienes analizaron dientes de leche caídos naturalmente de niños pertenecientes a la cohorte PROGRESS, desarrollada en Ciudad de México. Gracias a que los dientes se forman en capas desde el útero y almacenan rastros de metales presentes en el organismo, los científicos lograron reconstruir una línea temporal detallada de exposición durante el embarazo y el primer año de vida. Luego, esos datos fueron comparados con resonancias magnéticas cerebrales y evaluaciones conductuales realizadas años más tarde.
Los hallazgos identificaron dos periodos críticos, entre las semanas 4-8 y 32-42 después del nacimiento, en los que la exposición a mezclas de metales se asoció con mayores diferencias en la conducta, incluyendo ansiedad, atención y estado de ánimo. Además, los autores observaron cambios medibles en la estructura cerebral y en la conectividad entre regiones del cerebro. Según los investigadores, estos resultados refuerzan la necesidad de impulsar políticas públicas y ambientales que reduzcan la exposición a metales durante el embarazo y la primera infancia para favorecer un desarrollo cerebral más saludable.











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