La vida entre desechos en vertedero de Bajos de Haina refleja la dura realidad de decenas de familias que sobreviven reciclando y vendiendo objetos hallados en la basura.
En el vertedero de Bajos de Haina, en la provincia San Cristóbal, cientos de personas encuentran en la basura su única forma de sustento. Entre ellas está Víctor Cuevas Díaz, de 51 años, quien diariamente se adentra entre desperdicios, animales muertos, malos olores y enjambres de moscas con la esperanza de rescatar metales, botellas, electrodomésticos, cartón, muebles y otros objetos que luego vende para poder sobrevivir. Para él, como para muchos niños, hombres y mujeres de la zona, rebuscar entre los desechos no es una opción pasajera, sino una forma de vida marcada por la necesidad.
Víctor, oriundo de Barahona, contó que las dificultades económicas lo empujaron desde joven a trabajar entre basureros. Apenas cursó hasta séptimo grado y, según relata, nunca aprendió otro oficio. “Para mí lo más difícil es cuando alguien me pregunta ‘¿Qué tú sabes hacer?’ y yo no sé hacer de nada”, expresa con resignación. Vive solo en una humilde choza de zinc, con piso de tierra, sin baño, sin ventanas y sin electrodomésticos, a escasa distancia del vertedero. Allí soporta filtraciones, insectos y precariedades extremas, mientras intenta ganarse el día con lo poco que aparece entre los desperdicios.
Desde hace 15 años, asegura que trabaja todos los días desde la madrugada y sin horario fijo de salida, en una labor que le puede dejar apenas RD$30 o, en mejores jornadas, hasta RD$1,000. Aun así, define su trabajo como honrado y prefiere seguir hurgando en la basura antes que delinquir. Sin guantes ni mascarilla, enfrenta un ambiente altamente contaminado, pero dice haberse acostumbrado a convivir con esa realidad. “Yo lo que sé hacer es bucear”, afirma, mientras describe una existencia dura, atravesada por el hambre, la marginalidad y la esperanza de hallar algo que le permita continuar un día más.











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