Tamayo enfrenta precios inalcanzables, ventas mínimas y familias sin dinero, reflejo de una economía local asfixiada y sin alivio.
En el municipio de Tamayo, en Bahoruco, la población vive una doble crisis marcada por la falta de dinero y el incremento sostenido de los precios de los productos básicos. Comerciantes y amas de casa coinciden en que la situación es insostenible: las ventas están en su punto más bajo y los hogares no pueden costear ni la primera comida del día. El mercado local, prácticamente vacío, evidencia un declive económico que golpea con mayor fuerza a quienes dependen del trabajo diario.
Los comerciantes relatan que la clientela ha desaparecido porque simplemente no tiene dinero. Las amas de casa, por su parte, denuncian que los precios son imposibles de cubrir. Con apenas tres mil pesos, aseguran, solo alcanza para una pequeña compra. Productos esenciales como el arroz fluctúan entre 40 y 45 pesos la libra; las habichuelas se venden a 100 pesos; el bacalao supera los 200 pesos; y el pollo cuesta 100 pesos la libra, vivo o procesado. A esto se suman los elevados precios de cebollas, ajos y otros condimentos, que encarecen aún más la canasta familiar.
En este panorama desolador, los puestos del mercado permanecen abiertos pero sin compradores, mientras incluso los vendedores de ropa usada contemplan abandonar el oficio por no cubrir ni el costo del transporte. En las granjas de pollo, la queja es similar: los consumidores no aceptan el precio, pero los productores no pueden bajarlo. Tamayo queda atrapado entre dos fuegos: comerciantes que no venden y familias que no pueden comprar, en una economía donde sobrevivir se convierte cada día en un desafío mayor.










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