Supergirl deja un espectáculo vacío y caótico, con una historia espacial predecible, visualmente irregular y sin el gancho necesario para sostener su propuesta.
Supergirl, dirigida por Craig Gillespie, se presenta como una nueva pieza del universo de DC supervisado por James Gunn tras “Superman” (2025), con referencias a la serie de cómics “Supergirl: Woman of Tomorrow”. Sin embargo, el resultado termina siendo una película de superhéroes superficial y deslucida, incapaz de aprovechar su premisa de aventura interestelar, venganza y redención. Aunque parte de una idea atractiva, la cinta no consigue transformar ese punto de partida en una experiencia realmente emocionante o memorable.
La historia sigue a Kara Zor-El, prima de Superman, quien recorre la galaxia junto a su perro Krypto mientras intenta escapar del peso de su pasado. Su rutina cambia cuando el animal resulta herido tras un enfrentamiento con piratas espaciales liderados por Krem y, en paralelo, aparece Ruthye Marye Knoll, una joven con deseos de venganza a la que decide ayudar. A partir de ahí, la película encadena obstáculos, persecuciones, flashbacks y combates bajo una estructura demasiado predecible, sin equilibrio narrativo ni verdadera cohesión entre sus subtramas. El resultado es una travesía saturada de clichés, diálogos explicativos y secuencias caóticas que no logran construir tensión ni darle verdadera fuerza al crecimiento de la protagonista.
Aunque Milly Alcock ofrece una interpretación aceptable al transmitir fragilidad y determinación, su trabajo queda limitado por un guion que apenas desarrolla al personaje. Matthias Schoenaerts luce irrelevante como antagonista y Jason Momoa, pese a su transformación física, resulta excesivo como Lobo. En el plano técnico, la película encuentra algunos aciertos en el vestuario, en ciertos ambientes interplanetarios y en la música de Claudia Sarne, pero ni siquiera esos elementos consiguen rescatar una propuesta que se percibe rutinaria, repetitiva y sin sorpresa. Al final, “Supergirl” deja la impresión de ser un producto prescindible, más preocupado por expandir una franquicia que por contar una historia con verdadera inspiración.











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