Río de Janeiro restringirá la música en vivo y otras actividades playeras sin permisos, generando rechazo ciudadano.
A partir del 1 de junio, los quioscos y vendedores de las playas de Río de Janeiro no podrán ofrecer música en vivo, ni vender comida, bebidas o alquilar sillas sin una autorización oficial, según un decreto del alcalde Eduardo Paes. La medida busca preservar el orden urbano, la seguridad, el medio ambiente y una convivencia armoniosa entre turistas y residentes. Sin embargo, muchos temen que se afecte la esencia cultural de la ciudad y se comprometa el sustento de artistas y comerciantes.
La decisión ha generado opiniones encontradas. Para algunos residentes es necesaria para controlar el desorden, mientras que músicos, vendedores y defensores de la cultura la ven como una amenaza a la identidad carioca. “Es difícil imaginar Río sin samba en la playa”, lamentó el DJ Julio Trindade. Orla Rio, entidad que gestiona más de 300 quioscos, criticó que se silencie el alma del litoral. Organizaciones como el MUCA han denunciado que no se otorgan suficientes permisos a los vendedores.
Mientras el decreto entra en vigor, la asamblea municipal debate un proyecto de ley que podría modificarlo, permitiendo música en vivo sin autorización. Aún no se define si será votado antes de junio. La comunidad internacional y local sigue atenta, con temor de que la vitalidad cultural que caracteriza a Río se apague entre regulaciones.











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