Rusia enfrenta alza récord en los combustibles por ataques de Ucrania y la creciente demanda interna, en medio de fuerte inflación.
Los precios del combustible en Rusia siguen en ascenso debido a una combinación de factores: la fuerte demanda interna, el impacto de los bombardeos ucranianos contra refinerías y depósitos de petróleo, y un entorno de inflación que en agosto alcanzó el 8,14%. En Moscú, el litro de gasolina sin plomo 95 ya supera los 66 rublos, cifra que, aunque menor a la de países europeos, afecta con fuerza a consumidores de ingresos bajos.
Según la agencia Rosstat, la gasolina subió un 6,7% solo en lo que va de año, mientras que en la Bolsa de San Petersburgo el AI-95 alcanzó precios récord de más de 82.000 rublos por tonelada. A ello se suma la disminución de subsidios a petroleras y un incremento del 16% en los impuestos indirectos. Las redes sociales muestran largas filas en gasolineras de Crimea, el Extremo Oriente y regiones fronterizas con Ucrania, mientras en más de diez provincias se registran interrupciones de abastecimiento.
Expertos advierten que los bombardeos han reducido hasta en un 10% la producción de refinado este año, especialmente en Samara, Volgogrado, Rostov y Riazan. Para mitigar la crisis, Moscú extendió la prohibición de exportar gasolina hasta octubre, aunque el país continúa exportando petróleo crudo, uno de sus principales ingresos frente a las sanciones occidentales.











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