Aunque la Tierra está en su punto más lejano del Sol, el calor se debe a su inclinación, no a la distancia.
Aunque parezca contradictorio, el intenso calor que vivimos en el hemisferio norte coincide con el momento en que la Tierra se encuentra más alejada del Sol. Este punto, conocido como afelio, ocurre cada año a principios de julio, y este 2025 se alcanzó el jueves a las 3:55 p.m. (hora de Miami). En ese momento, nuestro planeta estaba unos 5 millones de kilómetros más lejos del Sol que en su punto más cercano, el perihelio.
Sin embargo, la distancia al Sol tiene poco efecto en nuestras estaciones. Lo que realmente causa el verano es la inclinación de 23,5 grados del eje terrestre. Esta inclinación hace que durante julio el hemisferio norte reciba más luz solar directa, días más largos y un ángulo solar más alto, lo que genera el calor característico de la temporada. Por ejemplo, en ciudades como Nueva York o Denver, la cantidad de energía solar en verano puede ser casi tres veces mayor que en invierno.
En comparación con la distancia media al Sol (149,7 millones de kilómetros), la diferencia del 3,3 % que supone el afelio es mínima. Así, el calor veraniego no se explica por qué tan cerca estamos del Sol, sino por cómo nos inclinamos hacia él. La orientación del planeta es el verdadero motor de las estaciones, mientras que la órbita tiene un papel secundario en el clima global.











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