Periodistas en Haití arriesgan sus vidas en un entorno de violencia, censura y amenazas constantes por parte de pandillas.
En Haití, ser periodista significa vivir en riesgo constante. Jean-Jacques Asperges, de 58 años, trabaja con lo poco que tiene: su teléfono móvil. Tras perder su casa y equipo de trabajo por la violencia de pandillas, vive en un refugio improvisado con su familia, sin renunciar a su labor. Como él, decenas de reporteros documentan con valentía el colapso de Puerto Príncipe y el dominio creciente de grupos armados sobre el país.
Las pandillas han atacado emisoras y asesinado periodistas. En la víspera de Navidad, dos reporteros fueron asesinados y otros siete heridos, incluido Asperges, durante un tiroteo en el hospital estatal. Las amenazas también llegan desde las redes sociales, y portar un chaleco con la palabra “PRENSA” ahora es sinónimo de peligro. Jephte Bazil, videógrafo y sobreviviente de varios ataques, asegura que “los periodistas son objetivos ahora, ya sea de la policía o de las pandillas”.
La situación ha obligado a medios como Le Nouvelliste a operar exclusivamente en línea tras sufrir ocupaciones armadas. Estaciones históricas como Radio Caraïbes han sido incendiadas, obligando a su personal a trasladarse repetidamente. Según la UNESCO y el Comité para la Protección de los Periodistas, al menos 21 periodistas han sido asesinados desde 2000, y Haití encabeza la lista de países con mayor impunidad en estos crímenes. A pesar de todo, la prensa haitiana sigue de pie, decidida a no guardar silencio frente al caos.











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