Gobierno francés culpa a la ultraizquierda por disturbios registrados en varias ciudades, mientras refuerza la seguridad y mantiene toques de queda en zonas afectadas.
El Gobierno francés culpa a la ultraizquierda por disturbios ocurridos durante el fin de semana y sostiene que algunos grupos habrían preparado un plan de carácter «insurreccional». El primer ministro Sébastien Lecornu señaló especialmente el incendio del ayuntamiento de Limoges como uno de los episodios más graves, mientras las autoridades investigan a varias personas vinculadas con los hechos. La violencia, que incluyó enfrentamientos, incendios de edificios públicos y saqueos, provocó además que varios países recomendaran precaución a sus ciudadanos presentes en Francia.
Las autoridades decretaron por segunda noche consecutiva toques de queda en determinados barrios de París y otras ciudades con el objetivo de evitar nuevos incidentes. La respuesta gubernamental ha generado críticas desde distintos sectores políticos: la derecha y la extrema derecha reprochan al Ejecutivo no haber anticipado suficientemente los disturbios, mientras sectores de izquierda cuestionan la respuesta a las protestas contra el «alto costo de la vida». Los chalecos amarillos y grupos estudiantiles han convocado nuevas manifestaciones para el próximo sábado, ante lo cual Lecornu anunció un dispositivo policial «masivo».
Más de 2,500 personas han sido detenidas desde el inicio de los disturbios y 123 permanecen en prisión, según informó el ministro de Justicia, Gérald Darmanin. Algunos de los acusados ya comenzaron a comparecer ante los tribunales, mientras la policía utiliza videos difundidos en redes sociales para identificar a presuntos participantes en saqueos y otros hechos violentos. Respecto a estos últimos, las autoridades los califican como «delincuentes oportunistas», al tiempo que continúan las investigaciones para determinar responsabilidades individuales.











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