Cuba, uno de los países más envejecidos de América Latina, enfrenta una alarmante crisis que golpea con más fuerza a sus adultos mayores.
En medio de la peor crisis económica desde la caída del bloque soviético, miles de ancianos cubanos se ven obligados a vender en las calles para sobrevivir. Con pensiones mínimas que solo alcanzan para unos pocos huevos o libras de arroz, la mayoría enfrenta una vida de carencias, sin apoyo estatal suficiente ni ayuda familiar, agravada por el éxodo migratorio de los últimos años.
La Habana refleja este drama: Isidro Manuet, de 73 años, y Antonia Diez, de 70, montan sus puestos informales para subsistir. Muchos como ellos viven con menos de 5 dólares mensuales reales, mientras el gobierno apenas sostiene programas sociales y el acceso a productos básicos es cada vez más difícil.
Ancianos como Lucy Pérez, con más de 30 años de trabajo, viven en casas en ruinas, sin esperanza ni recursos. La red de comedores sociales apenas alcanza a una pequeña parte de los necesitados. Envejecer en Cuba se ha convertido en una lucha diaria sin horizonte claro.











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