Veinte años tras la salida de Aristide, Haití vive una crisis sin precedentes con inseguridad, inestabilidad política y deterioro económico.
Haití marca dos décadas de una crisis profunda desde que Jean Bertrand Aristide dejara el poder el 29 de febrero de 2004, bajo presiones internacionales y locales. Según el historiador Georges Michel, en conversación con EFE, el país ha experimentado un grave retroceso, destacando que, pese a los desafíos, «todavía tenemos democracia». La inestabilidad política se ha convertido en una constante, con una sucesión de gobiernos transitorios y elecciones demoradas, exacerbando la tensión social y política.
Desde la perspectiva de seguridad, Haití se ha sumergido en un caos, con un notable incremento en la violencia y el crimen organizado. La proliferación de bandas armadas ha paralizado la capital y extendido su control a gran parte del país, complicando la vida diaria de los ciudadanos y agravando la crisis humanitaria. La situación económica no ofrece alivio, con una economía estancada y una devaluación acelerada de la moneda local, impactando directamente en la ya crítica situación de pobreza y inseguridad alimentaria.











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