La economía venezolana se hunde de nuevo por la inflación, la crisis petrolera y sanciones tras elecciones cuestionadas.
Venezuela enfrenta una nueva fase crítica en su prolongada crisis económica, agravada por la inflación descontrolada y la caída de ingresos petroleros a raíz de las recientes sanciones impuestas por Estados Unidos. Con el bolívar perdiendo aceleradamente su valor y el tipo de cambio oficial alejándose del del mercado negro, el presidente Nicolás Maduro declaró una “emergencia económica” en un intento por frenar el deterioro, mientras el poder adquisitivo de la población se desploma.
El país, que había experimentado una aparente recuperación tras la pandemia, volvió al colapso con un dólar que llegó a cambiarse hasta por 100 bolívares en el mercado negro. Los intentos del gobierno por controlar el tipo de cambio mediante inyecciones de divisas y relajación de restricciones monetarias ya no son sostenibles, según advierten economistas. Las medidas de emergencia propuestas incluyen suspensión de impuestos y compras obligatorias de producción nacional, pero expertos temen que no sean suficientes ante la recesión inminente.
Mientras tanto, el alza de precios afecta tanto a supermercados como a mercados informales, donde se impone el dólar como única referencia. Con un salario mínimo que apenas supera el dólar mensual, muchos venezolanos se ven forzados a tomar trabajos extra o depender de remesas. La desesperanza ha frenado los deseos de emigrar, aún cuando la falta de oportunidades laborales y el alza inflacionaria empujan a muchos al límite. “Seguimos luchando, confiando en Dios”, dice Erick Ojeda, pescador en Maracaibo, resumido el sentir de miles en el país.











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