Un 30% de los hombres con cáncer de próstata necesita un implante de pene para recuperar su vida sexual tras el tratamiento.
La disfunción eréctil es una de las principales secuelas del cáncer de próstata, afectando la calidad de vida de los pacientes. Según la Sociedad Dominicana de Urología, un 30% de los hombres que superan la enfermedad requieren un implante de pene para recuperar su función sexual.
Existen dos tipos principales de implantes: el inflable y el semirrígido. El inflable permite un control discreto de la erección mediante un mecanismo hidráulico, mientras que el semirrígido mantiene el pene en una posición semifirme. Ambos ofrecen una solución efectiva para la disfunción eréctil severa.
El acceso a estos implantes sigue siendo un reto debido a su alto costo, que ronda los 26,000 dólares en el sector privado. La Sociedad Dominicana de Urología aboga por incluirlos en la cobertura del plan básico de salud, argumentando que, al igual que la reconstrucción mamaria en sobrevivientes de cáncer de mama, los hombres deben tener derecho a recuperar su vida sexual tras superar el cáncer de próstata.











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