La escasez de agua limpia agrava la crisis en Venezuela tras los terremotos, mientras miles de personas sobreviven en refugios y condiciones precarias.
La escasez de agua limpia se ha convertido en una de las mayores dificultades para miles de personas afectadas por los terremotos ocurridos el mes pasado en Venezuela. En zonas como La Guaira, una de las más golpeadas por los sismos, familias enteras enfrentan serios problemas para acceder a servicios básicos de saneamiento e higiene, en medio de daños estructurales, desplazamientos y condiciones cada vez más precarias.
Muchas personas se ven obligadas a acudir a la playa para bañarse o hacer sus necesidades, mientras otras utilizan la poca agua almacenada en tinacos para lavar platos y asearse. La situación empeora porque numerosos depósitos de agua resultaron dañados durante los movimientos telúricos, lo que ha dejado a comunidades enteras a la espera de camiones cisterna. Algunas de estas localidades ya recibían agua potable apenas una o dos veces al mes incluso antes del desastre, lo que ha profundizado la emergencia humanitaria.
Organizaciones humanitarias advirtieron sobre el riesgo de propagación de enfermedades debido al hacinamiento, las altas temperaturas, las lluvias estacionales y la falta de privacidad en los refugios improvisados. En ese contexto, Beatriz Ochoa, representante regional del Consejo Noruego para Refugiados, señaló que las familias intentan preservar la dignidad en circunstancias extremas, organizándose incluso para mantener limpios los espacios comunes con medios muy limitados.











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