Sydney McLaughlin-Levrone brilló en Tokio con 47.78 en los 400 m, segunda mejor marca de la historia, y deja abierta la opción de un doblete en Los Ángeles 2028.
Sydney McLaughlin-Levrone sorprendió al mundo del atletismo al detener el cronómetro en 47.78 segundos en la final de los 400 metros del Mundial de Tokio. La estadounidense, de 26 años, quedó a solo 18 centésimas del récord mundial de Marita Koch, vigente desde 1985, y firmó la segunda mejor marca de la historia. La dominicana Marileidy Paulino también brilló con 47.98, tercer mejor registro de todos los tiempos.
La doble campeona olímpica y plusmarquista mundial de los 400 metros vallas consolidó así su salto a los 400 metros planos, demostrando una capacidad asombrosa para rendir en grandes escenarios pese a competir poco en la temporada. Su actuación ha puesto en duda la vigencia de un récord que parecía inalcanzable durante cuatro décadas.
De cara a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, McLaughlin-Levrone dejó abierta la posibilidad de buscar un histórico doblete en 400 metros planos y 400 metros vallas. Aunque exigente —implicaría correr seis pruebas en ocho días—, los expertos consideran que su talento y preparación podrían convertirlo en un reto posible.










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